miércoles, julio 19, 2006

SE LLAMARA BARRIO DE CAGALLITO

Por Paula Conde Semanario NOTICIAS URBANAS viernes 21 de julio

Caballito puede convertirse –como diría un escritor peruano-- en el barrio con mayor densidad de caquita por milímetro cuadrado. Los vecinos de esa zona dicen que el auge de la construcción puede desbordar las cloacas. Y por eso, cuando cortaron Rivadavia y Acoyte el viernes 7 de julio a las ocho de la noche como forma de protesta, usaron barbijos para evitar arcadas. Porque, claro, están quienes dicen que ya explotaron las cloacas de Avellaneda y Honorio Pueyrredón y que ya se hizo una denuncia. Y que el aroma, parece, no es precisamente de eucaliptos y jazmines. Y sí: al mismo tiempo en que se agiten las pancartas, se comenta que la consigna para la próxima marcha será la de prender fósforos.
Pero además de los barbijos y de las cloacas desbordadas, en una marcha que incluyó a vecinos como Milcíades Peña y en la que se juntaron 300 firmas para llegar a un total de mil, en el reclamo también hubo unas cuantas velas porque, y acá el origen de esta original puesta en escena, “las torres taparán el sol –fuente de luz y calor-- y con el colapso de la infraestructura del barrio sólo con ellas nos podremos iluminar”.
Gustavo Desplats, de Protocomuna Caballito, cuenta que el 20 de junio, como para celebrar la fecha patria, la comuna dejó su reclamo, “en mesa de entradas de la oficina de Telerman, pero nunca nos respondió”. En el expediente, los vecinos pidieron básicamente “la suspensión de entregas de permisos para realizar obras hasta que se hagan los estudios que determinen la capacidad y calidad del barrio, como así la de los transportes”.
Claro que la Legislatura no se queda afuera de este embrollo y ahí el reclamo pasa por una “modificación del Código de Planeamiento Urbano para limitar la altura del barrio”. En este caso, asesores de Álvaro González, el presidente de la Comisión de Planeamiento Urbano, sí se acercaron a los vecinos como para empezar a ver de qué se trata este reclamo: entre otras cosas, piden algo así como no más de tres pisos para los edificios ubicados en calles y entre seis y ocho pisos en avenidas. “El Código es un colador –sentencia Desplats—: hay un artículo que permite a las constructoras edificar 150 metros cuadrados más de los permitidos, pagando apenas cuatro mil pesos como multa. Digamos que no es un castigo. Esos terrenos después se venden a ochenta mil dólares. Por eso, pedimos la modificación del Código que, además de ser malo, ni siquiera se cumple”.
Desde la Comisión de Planeamiento Urbano, su director, Oscar González, afirma que se están haciendo algunas visitas a los barrios, como Coghlan, Caballito y Lugano, a partir de las inquietudes de los vecinos sobre el tema de infraestructura, “para ver en concreto los problemas y tomar contacto con los vecinos”: “Estamos trabajando en algunos proyectos a partir de los reclamos de algunas comunas de cambiar la zonificación de las áreas, de manera de ordenar el crecimiento de la Ciudad para que no afecte a los vecinos”, explica González. De este modo, Lugano tiene graves problemas de infraestructura con cloacas que colapsaron hace mucho tiempo, porque son muy precarias y además están cerca del Riachuelo. Coghlan, en cambio, es un barrio de casas bajas donde se quieren construir grandes torres y ya hay denuncias por caños de gas rotos. “La idea de rezonificar es la de quitarle densidad de población al barrio y limitar la altura para evitar el colapso de servicios, además de crear áreas verdes”, aclara González.
El arquitecto Mario Goldman, miembro del Consejo Profesional de Arquitectos y Urbanistas, también aborda el tema de la saturación: “El Código no tiene en cuenta la capacidad máxima de las redes de ningún tipo: las obras y las redes deberían ir juntas en el Código y actualmente no lo están. La realidad es que no hay limitaciones y los permisos para las obras son legales. Entonces, habría que ver la capacidad de las redes con Aguas y Saneamientos Argentinos”. En cuanto al reclamo de la comuna de Caballito, reconoce que es una situación nueva para la Ciudad, pero que no cree que los vecinos se queden sin agua, pero que sí puede pasar que se tengan que ampliar las redes. En este sentido, señala que se podría hablar de cierta “imprevisión” del Código: “Sucedió con las torres de Ugarteche y Gutiérrez: están en una zona que tradicionalmente fue de talleres y casas bajas y la infraestructura no estaba preparada. De todas maneras, a las torres se les exige que tripliquen su reserva para evitar quedarse sin agua en las horas pico, entre las 18 y las 20. El problema se les plantea a las torres: las casas deberían acceder al agua sin ningún inconveniente”. Con respecto a la presión de gas y de agua, aclara que es un problema que atraviesa el país en general, que no es algo específico de Caballito que en invierno tenga poca presión de gas. “Sí puede resultar un problema más atendible o crítico el de las cloacas y en ese caso debe tratarse con AySA”, destaca el arquitecto, quien también señala que es “preocupante” que las casas bajas “se contaminen” con las viviendas altas, porque eso afecta a la calidad de vida.
La denuncia de los vecinos de Caballito se sustenta, además, en que el 70 por ciento de las construcciones se concentra en siete de los 47 barrios de la Capital: Puerto Madero, Belgrano, Recoleta, Barrio Norte, Palermo, Villa Urquiza y Caballito. Actualmente, según informa Protocomuna, hay alrededor de 150 construcciones en Caballito (en diciembre se entregaron permisos por 26 mil metros cuadrados, alrededor de una obra por manzana) y los vecinos aseguran que, desde que hicieron su pedido el 20 de junio, en la zona se iniciaron doce obras, de las cuales “hay ocho que no tienen las autorizaciones”. Lo que agrava la situación, “porque quiere decir que no hay un control sobre las construcciones de la Ciudad”. O, por caso, como cuenta uno de los residentes de la zona, la obra de la calle Planes, entre Rojas y Arengreen, a cuatro cuadras de la cancha de Ferro, “tiene un número de expediente de una obra de Mataderos”. También dicen que otras construcciones ni siquiera tienen el permiso.
“No queremos ser un ghetto, ni un barrio elitista, tampoco queremos la infraestructura de Alemania o Suiza, sino que queremos una Ciudad integrada, donde prime el crecimiento repartido entre todas las partes. La Constitución dispone la búsqueda de equilibrio, equidad y lo que está pasando es una no-política, es dejar hacer cualquier cosa”, reclama Desplats. Y por eso pide que desde el Estado se favorezca la construcción en zonas más ventajosas y que además se creen alternativas de viviendas para la clase media y la clase media baja “porque las viviendas que se están construyendo son de gran categoría, de cuarenta mil dólares el ambiente”, señala. Y agrega: “No son para la clase media de la Ciudad. Son inversiones especulativas de capital extranjero para gente de afuera, cuando hay ciudadanos que tienen que alquilar, porque no pueden comprar”.
En Caballito viven aproximadamente 190 mil habitantes. La proyección de crecimiento indica un aumento de habitantes entre un nueve y un trece por ciento. Es decir, entre 15 mil y 23 mil vecinos nuevos. “¡Demográficamente este aumento no existe en ningún lado y menos sin infraestructura!”, se asombra Desplats. “El problema es que el Gobierno funciona como una caja: se paga y listo. Y cuantos más pedidos de obra haya, hay más ingresos”, reprocha este vecino y reflexiona: “¿Nadie se puso a pensar que 20 mil personas más significan cinco mil nuevos coches, que tienen que alquilar una cochera en el barrio más caro de todos, cinco mil heladeras, cinco mil televisores y cinco mil microondas más? ¿Alguien pensó en el consumo de agua, en la saturación de las cloacas? ¿Y en las escuelas para los chicos? Hoy es una odisea conseguir una vacante en un colegio”.
Una de las cuestiones que suelen repetirse al momento de decir si esta situación de colapso es tal o si es simplemente una exageración es que habría que hacer, en primer lugar, “estudios de impacto ambiental, de infraestructura, de redes de agua y cloacales”. Y en este sentido, desde Protocomuna Caballito, se aportan algunos datos: las cloacas de la zona norte del barrio en cuestión son de 1912 y las de la zona sur, de 1910. Quiere decir que las cloacas tienen más de noventa años. Cloacas que, claro, fueron construidas en un momento en que solamente vivían 30 mil personas en un barrio que era de quintas. “En la actualidad no hay presión ni de agua ni de gas”, se queja Desplats. “Y esto, si bien demanda tiempo y dinero, habría que solucionarlo cuanto antes. Además, si el sistema colapsa igual va a haber que arreglarlo. No queremos ser tapa de los diarios por el desastre”.
Otro punto importante para los vecinos es el descenso en la calidad de vida del barrio, porque, además de colapsar los servicios, habrá menos espacios verdes por persona: la OMS calcula entre diez y doce metros cuadrados de espacio verde por persona; en la Ciudad el promedio es de cuatro metros cuadrados para cada uno; y en Caballito, en la actualidad, hay apenas 1,26 metros cuadrados para cada vecino. Una cifra que bajará a medida que aumente la cantidad de habitantes del barrio.
Esta situación también se repite en otros barrios de alta densidad demográfica y en crecimiento: a Caballito se suman sobre todo Belgrano, Palermo y Villa Urquiza. Puerto Madero tiene la ventaja de ser nuevo. En estos casos, además de servicios colapsados, se produce una “pérdida de la identidad y del valor del barrio” y “las construcciones altas quitan intimidad a las casas”. Por si fuera poco, a esto se le suma que “tampoco hay un valor cultural histórico de los edificios de Buenos Aires”. Las partes destacan que lo que falta en la Ciudad es “la capacidad de pensamiento a futuro, de un plan estratégico”, porque, y acá el lugar común, “se trabaja tapando parches”.

1 comentario:

Edgardo dijo...

No me extraña. Viví los primeros 22 años de mi vida en caballito, y los otros 22 en Palermo ( mi madre siguió en Caballito mientras tanto, hasta que falleció). Cuando caí en Palermo, aún era Palermo Viejo. Ningún Soho, ni Hollywood, ni ninguna pavada de esas que crecieron durante los 90'. Casas bajas y antiguas en su mayoría. Algunos comercios tradicionales, farmacias, ferreterías, carpinterías funcionando en estos locales antiguos. Mucha gente mayor, jubilada, matrimonios con hijos y por sobre todo una enorme tranquilidad barrial. A las doce de la noche se dormía, y el que no, hacía lo imposible para que se lo escuchara tanto como si estuviera durmiendo. Es decir, se respetaba el silencio, y hasta el mínimo trabajo doméstico que pudiera hacerse de día ( como agujerear una pared con un taladro para poner un tarugo), a veces sorprendía tanto, que algunos venían a preguntar que sucedía...
No hablo de 40 años atrás. Hablo sólo de 15. Pero Palermo un día alguien dictaminó, se volvió moda. Alguien se dió cuenta que esas casas eran hermosas y que esta gente vivía demasiado tranquila. Había que corromper este barrio. Y lentamente cada casa de familia se fue convirtiendo en un divino local moderno, de esos que entran 3 personas por día, o bares y por sobre todo: Restaurantes. Modernos, modernos, muuuuuy modernos y vacíos, pero insistentes. Pasear por algunas calles de Palermo, parece estar adentro de un Shopping. Y los pocos que intentan seguir viviendo, huyen. Es muy difícil dormir cuando el nivel de ruido promedio se extiende hasta las 4 de la mañana y al dia siguiente se trabaja. Pero el negocio siempre da para más. Y resulta que entonces esas bellas casas antiguas, ya no importaba restaurarlas. Era mejor tirarlas (perdón por el término) a la mierda, varias juntas en lo posible, para tener un gran terreno donde construir horrorosas torres de cemento armado y con mucha vigilancia, convenciendonos que vivir bien es vivir en un mastodonte horrible como este. Y así como Caballito se llamará Cagallito, un hediondo olor brota en verano por las paquetas y divinas alcantarillas del Palermo Soho, al lado de alguna pintoresca mesita de un bar con personajes de anteojos oscuros, que comen algo "branch" haciendo de cuenta que ese olor mas propio del Riachuelo no esta presente (paseen una tarde de verano por la calle Costa Rica...). Se lo que la furia inmobiliaria y constructora tiene de benefactora de la sociedad. Nada. Solo hacer mas y mas dinero, mientras ellos (los dueños) seguramente viven fuera de esta ciudad a la que van convirtiendo en basura, pero que cotiza muchísimo. Cloacas que desborden, Nivel de ruido incontrolable, veredas tapizadas de sorete de perros (porque hoy todos quieren tener uno, pero nadie levanta lo que hacen), población fundamentalmente juvenil que atestan los barrios "de moda" y se acuestan a las 4 ó 5 de la mañana, marcando el ritmo de vida de todos, medios de transporte desbordados (esperen que alarguen la linea A y vamos a ver quien va a poder subir en ACOYTE por ejemplo, ya ocurrió en la linea D), todo esto pueden ya ir a conocerlo a Palermo antes de que llegue a Caballito. Creo que tenemos que hacer algo urgente, antes de que suceda. Yo, por el momento, he vuelto al barrio. Estoy otra vez en Caballito. Porque Palermo es hoy el peor lugar para vivir, aunque las inmobiliarias nos vendan exactamente lo contrario.